Viajar y Escribir
 

   SOBRE VIAJAR Y ESCRIBIR      

  

   

 

   

SOBRE VIAJAR Y ESCRIBIR

Hace muchos años, en una playa de Mar del Plata,  tomé nota de un  graffiti sobre las rocas del acantilado. Es una frase que, se suponía,  a alguien se le ocurrió eternizarla como una definición de la vida:  "La vida es acumular experiencias, aprender, crecer, caerse, levantarse y continuar con más fuerza". Atraído simultáneamente por la belleza y la verdad que esa frase me comunicó en ese momento, siempre la conservé. Y la repasaba, sobre todo, en los momentos difíciles. 

Se me ocurrió citar la frase para reflejar en parte  el incomparable placer que nos produce iniciar un viaje hacia un destino imaginado. Aunque no seamos conscientes de ello, el viaje comienza en el mismo momento en que pensamos en hacerlo. Nace en cualquier parte, mucho antes de la salida, y hasta los preparativos son en sí mismos una aventura. La clave del éxito está íntimamente relacionada con la elección del lugar de acuerdo a nuestros gustos, la documentación, el material preciso y la organización.

Cuando iniciamos un viaje iniciamos también una aventura, con todas las expectativas, emociones y vicisitudes que eventualmente se nos pudieran presentar.  Por ejemplo, pinchar una goma o quedarse sin combustible en la desolada Ruta 40 a mitad de camino de dos pueblos patagónicos es una contingencia poco feliz que nos puede atrasar varias horas.  Pero una vez resuelta (muy posiblemente por otro viajero que se apiade de nosotros), esa contingencia pasará a ser una anécdota y, sobre todo, una experiencia. Y de eso se trata: como la vida, viajar es también  acumular experiencias.

¿Pero cómo haríamos para acumular experiencias si no viajamos?  ¿Cómo haríamos para transmitir esas experiencias si no escribimos? El acto de  viajar y de escribir, entonces, están íntimamente relacionados. La experiencia se trasluce en el conocimiento. Y el conocimiento se va transmitiendo por generaciones a través de la escrituraViajar nos brinda la excelente posibilidad de la escritura, aunque también es cierto que, en ocasiones, el acto de escribir no necesariamente se plasma en un papel. Para los más virtuosos o memoriosos, las vivencias también se pueden escribir en la propia mente.  Eso sí,  habrá que contarlas, compartirlas, porque de otra manera ningún viaje estaría del todo satisfecho. No quedaría testimonio.

Cuando nos subimos a un auto, un avión, un micro, un crucero... o un caballo, se inicia un viaje y una posible Aventura. Podremos viajar solos o acompañados. Pero no podemos dejar de compartir. Si viajamos solos, necesitamos que al final del viaje alguien nos espere y se interese por conocer nuestro relato. Si viajamos acompañados, además de compartir las vivencias con quienes nos esperan, también iremos compartiéndolas con los seres que elegimos para nuestra travesía.

El acto de Escribir, nos permite eternizar los momentos de cada viaje; narrar o dar a conocer lo que escribirmos permite a los otros imaginarse lugares, situaciones y personas a través de nuestras palabras. Nos permite a nosotros mismos, mucho tiempo después, volver a vivir esos momentos con las diferentes prespectivas que otorgan los años.  Porque cuando llegue el día que ya no podamos viajar, bastará un relato, una foto o un escrito para recuperar la sonrisa, acaso nostálgica, que por estar enmarañados en propia realidad creíamos perdida. 

Viajar y Escribir son pasiones intensamente relacionadas, son formas de romper las reglas que impone la monotonía de lo cotidiano y plantearse la aventura. El hecho de viajar supone el riesgo de tantear lo desconocido. Necesariamente debemos salir del espacio cotidiano para ir en busca de  geografías diferentes, gente distante o del descanso tan deseado. Y en todo caso nos estaremos arriesgando a no hallar lo que habíamos imaginado. El hecho de escribir, del mismo modo, aborda la probabilidad del riesgo, de lo ignorado, pero también la necesidad de la lectura.

Leer es imprescindible para escribir, pero no lo es tanto para viajar. Viajar y leer pueden convertirse en acciones inseparables cuando por ejemplo nos encontramos encerrados durante horas en la cabina de un avión a diez mil metros de altura volando de noche sobre el Atlántico o cuando nos trasladamos por otros medios si es que no estamos durmiendo, mirando el paisaje o manejando.

Pero leer también es un modo de "viajar" si no viajamos en la realidad. 

En suma, Viajar, Leer y Escribir son, sobretodo, tres maneras inteligentes de invertir en uno mismo. Haciendo una comparación con aquel graffiti, son tres maneras para acumular experiencias, aprender, crecer, caerse, levantarse y continuar con más fuerza. Como la vida misma.

Victor Hugo Balsas - 2012

 

 

 Un Paisaje de Bariloche - Río Negro - Argentina

 
 

¿EN QUÉ NOS CONVERTIMOS CUANDO VIAJAMOS? 

¿VIAJANTES, TURISTAS O VIAJEROS?

 

Una afirmación a este interrogante se puede hallar en un texto sobre uno de los personajes de la novela "El Cielo Protector" de Paul Bowles:

"No se consideraba un turista; él era un viajero. Explicaba que la diferencia residía, en parte, en el tiempo. Mientras que el turista se apresura por lo general a regresar a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra" 

En una ilustración más actual, podríamos decir que un Turista es apenas espectador; un extranjero que de hecho puede disfrutar del lugar, pero es como que lo "mira de lejos" o lo contempla de la "vereda de enfrente", sin involucrarse o interesarse demasiado por las costumbres del lugar o sus aspectos culturales. Si es que dispone de todas las comodidades un Turista puede pasar todo su tiempo en su alojamiento o complejo hotelero, sin alejarse más de lo necesario para hacer compras o satisfacer alguna necesidad. 

El viajero, en cambio, se hace parte del lugar, se convierte en una persona más del entorno y muchas veces se involucra en su cultura y comparte ss costumbres; por necesidad de aprender o por simple curiosidad. El Viajero se anima también a interactuar en el destino con más profundidad, lo disfruta plenamente, se adentra en las rutas, ciudades o paisajes. Intenta siempre evadir los medios y métodos convencionales y está más propenso a la aventura. 

El Viajante, es simplemente el que viaja por trabajo y no se preocupa o interesa demasiado en ver o conocer los sitios a los que va. Simplemente llega a una ciudad, se mete en el hotel, pasa su tiempo visitando clientes y sólo se toma pausas para comer o descansar. 

Cada día hay más viajeros, pero menos viajantes. Con el avance de Internet y otras tecnologías (como la optimización de los despachos a cualquier parte de mundo en tiempos asombrosamente breves), los vendedores viajeros de a poco están desapareciendo.  La modernidad subestimó a estos personajes que peregrinaban de forma casi obstinada, de traje, portando un maletín con sus prolijos catálogos. 

Sin duda, los efectos de la globalización sumados a los distintos cambios tecnológicos y culturales, han provocado que, hoy por hoy, El Viajero vaya prevaleciendo por sobe el Turista y el Viajante.

 

 

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San Vicente -  Misiones - Argentina

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SOBRE LAS INUNDACIONES EN EL LITORAL ARGENTINO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las imágenes que muestran los medios locales son pavorosas. El río Uruguay, que recorre el margen oriental de la provincia de Misiones, embravecido como nunca, increíblemente veloz, se salió de su cauce y se está llevando todo. Hasta las casas. Sí. Hay casitas de madera, las que no quedaron destruidas, que el río se las lleva. Troncos, heladeras, animales, pedazos de chapa y cuanta cosa aparezca en al camino se va con el río. Y de golpe, hasta las aguas de los arroyos que deben desembocar naturalmente en el río, vuelven… y también desbordan. Miles de personas se quedan de pronto sin nada, observan de lejos, con angustia y desesperación, como el agua llega casi hasta los techos. Casi 1.300 familias afectadas, que perdieron el esfuerzo de toda una vida.  

Mientras tanto, una sociedad solidaria acude en silencio e impotencia a dar lo que puede en los centros de recolección de alimentos y ropas. Fueron casi 7000 habitantes de 11 localidades en la costa oriental de Misiones, y otros tantos de las riberas de Brasil y Paraguay.

Una vez más, la naturaleza mostró sus dientes ante tanto castigo e invasión del propio hombre.  

Raúl Bregagnolo, reconocido dirigente de una Asociación Ecologista, opinó sobre las inundaciones en la costa oriental misionera. “La gran crecida del Uruguay ya se transformó en una catástrofe. Gente que ha perdido todo lo trabajado durante años. Sus pequeños o grandes bienes materiales, pero suyos, se los está llevando el río, este Río de los Pájaros que hemos desafiado hasta el hartazgo, agrediéndolo con seis grandes represas río arriba y más de treinta en sus afluentes del Brasil, así como al Iguazú y al Paraná con tantas más”.

“Han habido alertas, señales muy claras y constantes desde hace mucho tiempo, pero es más fácil defenestrar a los ecologistas, a los científicos, académicos y a una sociedad que sabe lo que quiere y lo que no, que sentarse a estudiar modelos, alternativas a construir. La situación que se vive en estos días demuestra que el agua desconoce fronteras y el río enojado es un caballo desbocado”, afirmó Bregagnolo”.

Esta vez las inundaciones se sucedieron en la zona del Alto Uruguay. Un mes antes habían ocurrido aguas arriba del Iguazú y continuaron a lo largo del Paraná, afectando a cuatro provincias. La Fundación Vida Silvestre a través de Manuel Jaramillo, ambientalista y coordinador del programa Selva Paranaense, dijo: “Lamentablemente se conjugaron varios factores para producir esta catástrofe ambiental y social. La deforestación en la cuenca alta del río Iguazú, del río Uruguay en Brasil, y del río Paraguay, en el país homónimo, son muy altas. En Brasil solamente queda el 2,3% del bosque que alguna vez hubo y en Paraguay quedan 10 por cada 100 hectáreas de bosque nativo.

 

¿Pero por qué se afirma que una de las principales causas de este desastre es la deforestación  indiscriminada?

Ante las lluvias, la selva funciona como un filtro, una gran esponja verde que además de retener el agua, nutre el suelo. La ausencia de ese tejido boscoso, sumado a la impermeabilidad de los suelos por cultivos dañinos, hace que las aguas provenientes de las lluvias, lleguen rápidamente a los ríos.

“Los desastres naturales registrados durante el último mes dan muestra del mal uso de los recursos naturales en el Alto Paraná. La deforestación de los márgenes de grandes ríos y arroyos, de la mano de la conversión de superficies de bosques para la producción de monocultivos –principalmente de soja en Brasil y Paraguay- hacen que la tierra pierda su capacidad de absorción y el agua escurra, arrastrando sedimentos directamente a los cursos de agua. Esta situación lleva al inmediato incremento de los caudales de los ríos y arroyos, generando inundaciones”.

"A esto se suma la existencia de varias represas sobre los cursos de aguas, en su mayoría en territorio brasileño, que alteran el régimen hídrico de los ríos. Los espejos de agua de las represas -que se ubican donde generalmente había bosques o áreas con cobertura vegetal- tienen ‘infiltración 0’, es decir, que la lluvia que cae ahí deriva a los cursos de agua, contribuyendo a aumentar los caudales de ríos. Además, cuando las precipitaciones superan los límites de seguridad establecidos, las represas se ven sobrepasadas y obligadas a liberar gran cantidad de agua generando inundaciones en las zonas bajas”

“La reciente crecida sobre el río Iguazú, que prácticamente hizo desaparecer a las Cataratas del Iguazú, y el actual desastre natural que está sufriendo la zona de El Soberbio, Panambí, Alba Posse y San Javier, son señales de alerta que deben ser tenidas en cuenta para instrumentar rápidas y eficientes medidas.” señaló Manuel Jaramillo.

La organización ambiental advierte que la situación actual de la Selva Paranaense o Selva Misionera es realmente crítica: sólo queda un siete por ciento de su superficie original. En Paraguay y Brasil, esta zona de la selva ha sido prácticamente destruida. “El importante aumento de las lluvias, sumado a la pérdida de cobertura boscosa en gran parte de la cuenca, no permitió la natural absorción del agua”, señaló Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace Argentina. “Los bosques y selvas, además de concentrar mucha biodiversidad, juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos. Los bosques son nuestra natural esponja y paraguas protector. Cuando perdemos bosques nos volvemos más vulnerables ante las lluvias y corremos serios riesgos de inundaciones”, concluyó.

Según datos oficiales, entre 1998 y 2007 en Misiones se deforestaron 144.153 hectáreas. Desde la sanción de la Ley de Bosques (2008) hasta mediados de 2011 el promedio anual de deforestación disminuyó en un 50 por ciento. Sin embargo, se desmontaron 21.406 hectáreas, de las cuales 3.630 hectáreas se trataban de bosques protegidos por la normativa.

La Selva Paranaense se encuentra mayoritariamente ubicada en la provincia de Misiones y una pequeña porción en el noreste de Corrientes. Se trata de una de las regiones con mayor biodiversidad del país: en ella habitan 554 especies de aves, 120 especies de mamíferos, 79 especies de reptiles, 55 especies de anfibios y más de 200 especies de peces. La región se caracteriza por albergar grandes felinos, como el yaguareté y el puma, de los cuales se estima que apenas quedan unos 50 ejemplares.

El ingeniero y ambientalista Roberto Ríos, también habló sobre el fenómenos de la crecida del Río Paraná, su relación con el cambio ambiental y las hidroeléctricas. "Son muchos factores concomitantes. Brasil ha desmontado cerca de 40 millones de hectáreas de la selva paranaense, y nosotros también contribuimos. Al no haber selva el agua no infiltra, corre con una velocidad enorme". En ese sentido, Ríos explicó que el monte es como una gran esponja que absorbe el agua y la va soltando gradualmente. "El mayor impacto ambiental en América Latina ha sido la deforestación y a medida que seguimos desmontando, el agua de lluvia no tiene forma de ser captada en la tierra", sostuvo.

Como si esto fuera poco, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) viene advirtiendo hace tiempo sobre el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, como mayores precipitaciones, sequías y huracanes, producto del cambio climático.

Si no trabajamos en frenar la deforestación en Misiones y en toda la Argentina, y si no tomamos medidas para mitigar el Cambio Climático, la situación va a empeorar en otras zonas y en particular en otras provincias que están aguas abajo, por el aporte fluvial de las cuencas superiores. Lamentablemente, las lluvias (masivas) van a ser cada vez más frecuentes”

 

LAS REPRESAS TAMBIÉN INCIDEN

Consultado sobre el papel de las represas en los eventos climáticos extremos, Jaramillo no dudó en señalar que Contribuyen. En un primer momento pueden amortiguar el efecto de la crecida, porque tienen una capacidad de almacenamiento de agua aumentando las alturas de los embalses en áreas que ya fueron previamente inundadas. Pero cuando la represa llega a su límite para contener esta agua, tiene que abrir los vertederos y esto hace que se entregue una carga instantánea de agua muy fuerte, y que las crecidas de los arroyos sean muy rápidas, dando como resultado que la gente no tenga el tiempo de evacuar; más aún cuando no están implementados los sistemas de alerta temprana”, subrayó Jaramillo

“Las represas alteran el régimen hídrico de los ríos y los hacen más lentos y la evacuación del agua es mucho menor y eso afecta negativamente a las zonas inundadas.” Asimismo, con respecto a “la crecida que hubo a principios de Junio, tengamos en cuenta que al haberse subido la cota de la represa de Yacyretá, la cota del río Paraná aumentó y es mayor el embalsamiento de los arroyos del Pepepirí Guazú y el Parana-í, que taparon los puentes. Porque esos arroyos ya no desagotan al nivel que desagotaban antes, sino a un nivel más alto. Es como un tapón al desagote de los arroyos. Al aumentar el nivel del río, actúa como un freno o un tapón al desagote de los arroyos mayores”, precisó Jaramillo.

Comparando esta inundación con otras que se registraron a principios de los ‘80, Jaramillo sostuvo que “la situación es peor”, porque en aquella época, la deforestación era menor, no había tantas represas en el sur de Brasil y el embalse de Yacyretá operaba a una cota menor que la actual (de 84 metros) “Y lo peor es que el cambio climático que genera en gran medida este tipo de eventos extremos, está anunciado para Misiones, con mayor frecuencia de este tipo de eventos (lluvias masivas, sequías y temperaturas extremas). Es urgente implementar medidas para prevenir estas situaciones”, advirtió el ambientalista, quien bregó por una legislación para la recuperación de los bosques nativos con Paraguay y Brasil; y porque “los fondos de la Ley de Bosques lleguen efectivamente a las provincias.”

El director de la Fundación Proteger, Jorge Cappato, también analizó los motivos que provocaron este desborde de las aguas que bordean Misiones y las medidas que se deberían tomar para evitar que esto vuelva a ocurrir. El especialista en medio ambiente destacó que “como ocurre en casi todas las inundaciones, la televisión nos muestra crueles  imágenes de personas y animales afectados por la crecida y nos quedamos debatiendo las consecuencias del desastre en vez de analizar cuáles fueron sus causas y qué podemos hacer para prevenirlas”.
 
Según Cappato, “toda emergencia o desastre natural tiene causas predisponentes, desencadenantes y agravantes. En el caso de esta crecida, las fuertes lluvias fueron el desencadenante y el causal predisponente fue que esas lluvias  se dieron sobre un área donde hoy queda menos del 7 por ciento del ecosistema de bosques, humedales y selva, que conformaban una especie de inmensa esponja que chupaba el agua y que ahora no existe. Otra causa predisponente es el cambio climático que sufre el planeta y que favorece esas grandes lluvias, las cuales colman los embalses haciendo que éstos abran sus compuertas provocando desastres aguas abajo. Hay que tener en cuenta que un embalse lleno es un gran espejo de agua que está ubicado en un lugar donde antes había verde y humedales que hacían escurrir el agua. Cuando llueve sobre los embalses es como si lloviera sobre vidrio, sin ningún tipo de retención. Sólo sumando los embalses de Yacyretá, que representan 160.000 hectáreas, e Itaipú, con otras 135.000 hectáreas,  tenemos un espejo de agua equivalente a 18 veces la ciudad de Buenos Aires. Un espacio que  antes correspondía a bosques y humedales fluviales muy eficaces como mitigadores naturales de las escorrentías por lluvias”.
 
Además, según Cappato, “el gran espejo de agua se agranda con las más de 50 represas que Brasil tiene en la alta cuenca y que no permiten atenuar grandes crecidas de los ríos o como las asociadas a las corrientes de El Niño y otros eventos que seguramente acarreará el cambio climático”.
Consultado sobre qué se puede hacer para evitar estas inundaciones, Cappato explicó que “los que deberían trabajar para prevenir estos desastres son  fundamentalmente los poderes del Estado, tanto nacional como provincial y municipal, a través de todos los organismos con incumbencia en esta problemática. También la Justicia debería tomar cartas en el asunto, porque las crecidas afectan muchos derechos y pareciera que ningún juez se da cuenta. También el Congreso Nacional debería readecuar urgentemente la legislación y los controles del Estado a la luz de lo acontecido, sobre todo porque no es la primera vez y lamentablemente, si no se hace nada, tampoco será la última”.
 
“Es necesario que la población tome conciencia de que hay que actuar sobre las causas de esta crecida y no solamente sobre las consecuencias, que las terminamos pagando todos porque son fondos públicos los que se utilizan para pagar los platos rotos que deja el agua cuando cede”.
Seguidamente destacó que el Grupo Internacional de Expertos para el Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que se conoce por sus siglas en inglés IPCC, "señaló en varios informes que la Cuenca del Plata es uno de los sistemas hídricos  más vulnerables ante el cambio global del clima, y por lo tanto para mantener la seguridad de las poblaciones vecinas es necesario cuidar el valor de los humedales y los bosques, ecosistemas destruidos por las hidroeléctricas y por la deforestación”. Esta advertencia la tienen que saber los que operan las represas, no para justificarse sino para tomar las previsiones máximas, porque con tantas represas, los ríos de llanura de nuestra cuenca se están comportando ante ciertos eventos como ríos de montaña, desconcertando a los mejores expertos en pronósticos, como ocurrió con la anterior crecida del Paraná el año pasado”. 

 
El director de la Fundación Proteger explicó que “las represas de Yacyretá e Itaipú sobre el río Paraná no producen las crecidas del río pero las agravan”, y advirtió que la crecida que actualmente esta afectando a todo el litoral fluvial tiene su origen en lluvias extraordinarias sobre el sur de la cuenca del Plata, sobre ecosistemas deforestados y degradados por el mal manejo agropecuario en Brasil, Paraguay y nordeste de Argentina. A la deforestación se le suma la presencia de una gran cantidad de represas sobre los ríos Paraná que agravan la situación, porque los enormes volúmenes de agua que sueltan las represas de Itaipú y Yacyretá, que son dos de las hidroeléctricas más grandes del mundo­, con embalses colmados, producen picos de crecida repentinos por la apertura de sus compuertas o vertederos”.
 
Las alertas destinadas a la evacuación de los pobladores que viven  aguas abajo  o en las costas de los embalses suelen llegar tardíamente o poco antes de la llegada de los picos momentáneos. Esta realidad desmiente a los promotores de represas que prometen que un beneficio de las grandes hidroeléctricas es el control de inundaciones, porque vemos que  por el contrario las agravan”, y seguidamente dijo que “queda más que claro que las represas sólo regulan el caudal del agua para juntarla y producir electricidad, pero nunca para proteger a la gente de inundaciones”.
El especialista en medio ambiente dijo que “en San Antonio y en la Isla Apipé de Corrientes vimos cómo la gente salió prácticamente flotando cuando Yacyretá soltó el agua antes de lo que había anunciado”, y destacó que “los habitantes de Ayolas y Encarnación, en Paraguay, también vivieron situaciones igualmente dramáticas en los últimos días”.
 
El director de la Fundación Proteger (una ONG), destacó que “las represas, más allá de los aspectos técnicos, están pensadas, y sobre todo operadas, como grandes máquinas para producir dinero con la venta de electricidad. Por eso su principal criterio es maximizar los beneficios económicos estrictos. De otro modo no se explica que retengan el agua hasta último momento y luego la suelten aduciendo razones de seguridad y dando un aviso generalmente tardío y poco eficaz a las poblaciones que serán afectadas”.



 
La planificación para prevenir
 
El ingeniero Enrique Gandolla docente de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la Unam apuntó a la planificación urbana para prevenir situaciones de catástrofe. “Para mí estos temas se tienen que estudiar a fondo porque hay consecuencias que previsiblemente van a pasar. Entre esas cosas que se deben tener en cuenta está la planificación como herramienta para que una ciudad se desarrolle acorde a su calidad de vida”  

 “Vivimos en ciudades donde es muy común que se ocupe cualquier zona para construirse una casa, y vemos que la vera de los arroyos está llena de viviendas, y ahí son los primeros que sufren las consecuencias. Esto se resuelve con planeamiento, con obras públicas que vayan acompañando estos cambios climáticos. En 30 años es la segunda vez que la crecida del río alcanza esta dimensión y vuelve a producir daños. Eso significa que no hemos tomado medidas en cuanto a la expansión del suelo y la planificación. Hay que construir donde sea seguro”.

 

de ViajaryEscribir.com - 2014